Bienvenidxs a la temporada Sagitario.
Llegamos al final del ciclo anual. Aflojá un segundo. Respiremos juntxs.
Inhalá…
¿Te hiciste cargo de tus sombras?
¿Pudiste sostenerte en lo que dolía?
¿Te animaste a mirar tus profundidades?
Exhalá.
No importa si no tenés todas las respuestas.
No importa si nada está completamente resuelto.
Nunca hubo un “lugar de llegada”: ahí está la magia.
La expansión es infinita incluso dentro de nuestra finitud.
Las metas son ficciones útiles, faros que a veces iluminan y a veces encandilan.
Pero existe este punto del camino donde algo termina y algo empieza,
donde podemos frenar, mirar alrededor y celebrar que estamos vivxs.
Celebrar que podemos agradecer.
Juntá tus manos. 🙏
¿Sabés por qué ese gesto es sagrado?
Porque es tu cuerpo encontrándose con tu cuerpo… y con algo más.
Es la conciencia de estar vivx.
Es el fuego honesto de reconocerte,
y la calma que llega cuando tu adentro y tu afuera coinciden.
En tiempos donde la positividad se vuelve un mandato que exige rendir y brillar incluso cuando el alma pide silencio, Sagitario —que también puede extraviarse en un optimismo sin raíz— recuerda el camino a ese horizonte que no está afuera, sino atrás de los ojos.
A esa luz que no empuja: espera e invita a expandirse desde lo que todavía no tiene nombre.
A agradecer sin querer forzar el destino.
A celebrar sin demostrar nada, a honrar lo simple y lo auténtico.
Acá, en este pequeño claro dentro de tu propio bosque, podés sentarte y compartir.
Estás vivx.
Sentite.
Sos un milagro y también parte de algo mucho más grande.
Respirá.
La contemplación es la llave de la expansión.
