Cuando miro a el mar me devuelve a mi misma, cada ola trae cada uno de mis pedazos y me vuelve a ensamblar de nuevo, pero distinta.
Toda contradicción se funde entonces en una sola cosa y me hace saber que soy parte de algo más grande que me contiene.
Así vuelvo a ser más simple y más basta. Más humilde y más profunda. No hay vacío que llenar, hay un vacío que habitar y simplemente ser.
No sé piensa, se acepta y se es.
El mar siempre me devuelve a la esencia, que muta y a la vez nada pierde, se transforma y se extiende.
